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El estilo Románico se desarrolló durante la Baja Edad Media, es decir, los siglos X, XI y XII. En arquitectura, el estilo parte de la base aprendida por los romanos y adopta mezclas de otros estilos como los orientales y los septentrionales. De este modo, el Románico aprende técnicas constructivas que permiten un uso mejor de la piedra y la madera, los principales materiales. Algunos de los elementos más comunes dentro del romano son los ábsides semicirculares, el arco de medio punto, la cubierta de bóveda de medio cañón y arista o la planta con forma de cruz latina. 

 

El Románico gozó de gran expansión por todo Europa por lo que hoy día es posible encontrar muchos ejemplos de ello muy bien conservados. Desde pequeñas ermitas a grandes catedrales, la arquitectura Románica es la más característica de esta Baja Edad Media. La evolución del estilo permitió mejorar el uso de materiales hasta alcanzar mayores alturas, de modo que los edificios y sus campanarios poco a poco fueron conquistando el cielo. En algunos casos resulta incluso confuso pensar en un edificio de tal altitud en románico, ya que nos hace pensar más bien en el estilo gótico, el cual le precedió. Ejemplos de este estilo de gran altura lo encontramos en la Catedral de Santiago o la Iglesia pirenaica de Taüll.

 

 

 

Iglesia de Taüll - Autor: Xavigivax, Wikimedia Common

 

Más información sobre el estilo Románico: Wikipedia